miércoles, 14 de diciembre de 2011

Entrenamiento del orador

Para comunicar una idea, exponer un tema, promover un producto, difundir una noticia o entretener mediante el uso de la Oratoria, debemos adquirir destrezas que nos ayudarán a lograrlo con efectividad. Para ello es imprescindible un entrenamiento físico, intelectual y psíquico, que requiere organización, disciplina y constancia, independientemente de que no dominemos el asunto sobre el cual tengamos que disertar o que se trate de una actividad frecuente, como la que hacen un docente o un locutor.

Ese entrenamiento debe ser organizado, porque sólo usted es capaz de programar sus actividades según el tiempo del que dispone y en el cual deberá dedicarse a realizar sencillos ejercicios que no le exigirán levantarse a las cuatro de la mañana o hacerlos durante tres horas diarias. Este es un Manual de Oratoria, no un curso de faquirismo.

La disciplina deberá impulsarlo a practicar todos sus ejercicios exactamente como los organice. No permita que nada interrumpa o postergue su realización.

Sea constante. Una vez que comience no se detenga. Es preferible que se ejercite durante años dedicando tan solo diez o quince minutos, tres o cuatro veces por semana, en lugar de ejercitarse una hora diaria durante un mes y luego los olvide para siempre.

Si usted se entrena como debe ser, podrá hablar frente al público, lo hará bien y experimentará la grata sensación de estar ante un grupo de personas que prestan atención a sus palabras y al final le premian con un sincero y caluroso aplauso.

Los ejercicios deben ser organizados sistemáticamente de acuerdo con el orden en que se produce la voz, es decir, respiración, fonación y amplificación y progresivamente según su complejidad.

Óscar Manuel Romero.

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